«Consumir menos» y «costar menos» no son lo mismo, y confundirlos lleva a conclusiones erróneas. Un sistema puede usar menos electricidad y aun así costarte más — o al revés.
Seis variables que no se pueden mezclar
- Energía final: la cantidad de energía (eléctrica, gas…) que el sistema consume de la red o del suministro.
- Eficiencia: cuánta de esa energía se convierte realmente en calor útil (una bomba de calor puede «multiplicar» la electricidad gracias al COP; una resistencia la convierte 1:1).
- Coste: energía final × precio de esa energía ÷ eficiencia — el resultado en euros, que depende también del precio, no solo del consumo.
- Potencia: la capacidad instantánea del equipo (kW), no cuánto va a gastar en total.
- Tiempo de uso: cuántas horas al día y días a la temporada funciona de verdad.
- Demanda térmica: cuánto calor necesita realmente tu vivienda (depende del aislamiento, tamaño y clima) — el mismo sistema en dos viviendas distintas tiene consumos muy distintos.
Por qué no publicamos un ranking fijo
Un ranking de «estos son los sistemas que menos consumen» ordenados sin más contexto sería engañoso: una bomba de calor bien dimensionada en un clima templado puede consumir mucha menos electricidad que un radiador resistivo, pero esa misma bomba de calor mal dimensionada o en un clima muy frío puede acercarse mucho al consumo de un sistema resistivo. La respuesta depende de tu caso, no de una tabla genérica.
Cómo comparar tu caso de verdad
- Compara la potencia ELÉCTRICA real de cada sistema (no la térmica) — ver guía de bomba de calor para no confundirlas.
- Usa la misma calculadora para varios escenarios con tus horas de uso reales.
- Ten en cuenta el coste de instalación cuando compares sistemas que no tienes todavía — ver bomba de calor vs radiador y eléctrica vs gas.